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Perversa inteligencia sin control |
Se ha permitido el desarrollo de operaciones informales y
expresamente prohibidas por la Constitución, pero amparadas por
funcionarios de alto nivel. Se reedita así una de las peores prácticas
de las que los argentinos tengamos memoria.
Por: Alberto Binder Presidente del Instituto Latinoamericano de Seguridad y Democracia
El sistema de inteligencia es tan necesario como peligroso. Una
herramienta que debe ser administrada con suma responsabilidad por
parte de los funcionarios públicos, que no pueden olvidar los daños que
han causado su descontrol y el abuso de sus estructuras y herramientas,
en especial para el Terrorismo de Estado.
Nuestra realidad
muestra un nivel de irresponsabilidad, desidia y abuso que ya son
alarmantes e inadmisibles. La Ley Nacional de Inteligencia (25.520) es
clara en este aspecto: "Queda prohibida la creación, conformación y
funcionamiento de asociaciones, instituciones, redes y grupos de
personas físicas o jurídicas que planifiquen y/o ejecuten funciones y
actividades de inteligencia en cualquiera de sus etapas asignadas por
la presente ley a los organismos integrantes del Sistema de
Inteligencia Nacional" (Art. 11).
Lo que prohíbe la ley es,
precisamente, lo que se ha hecho en el ámbito del Gobierno de la Ciudad
y la misma forma de operar es la que se está investigando en la
Justicia Federal de San Isidro, a raíz de múltiples intervenciones
ilegales en teléfonos y correos electrónicos. Allí también se
encuentran investigados "operadores libres" que mantienen contratos
"formales" en instituciones públicas, al igual que el caso de la Ciudad
de Buenos Aires. Es una práctica que viene siendo admitida y que
reclama una investigación integral.
Las quejas de funcionarios
que saben muy bien de qué están hablando porque prohijaron este
descontrol, las denuncias de jueces de la Corte Suprema, el carácter
público de maniobras hasta burdas sobre opositores políticos y las
propias quejas que se escuchan de funcionarios de diversos niveles dan
cuenta de que se ha instalado en el país un sistema de funcionamiento
ilegal del servicio de inteligencia, que promueve operadores más o
menos independientes para operaciones prohibidas expresamente por la
ley.
No podemos darnos el lujo de superficializar este problema,
creyendo que sólo se trata de internas entre sectores de inteligencia o
entre ellos y la Policía Federal o entre ambos y sectores del gobierno.
Sólo la miopía y la irresponsabilidad manifiesta de quienes
viven en un mundo de permanentes intrigas pueden hacer creer que se
trata de jugarretas de poca monta: lo que está atrás es la
reconstrucción del Estado Policial que nunca pudimos desarticular y la
creación de una nueva "autonomía" de sectores policiales (en particular
la "federal" y de inteligencia) con capacidad de jugar el juego de las
mafias que jaquean a nuestra democracia.
A todo ello debemos
sumarle la inoperancia de la Comisión Bicameral de Fiscalización de los
Organismos y Actividades de Inteligencia creada precisamente con la
finalidad de "fiscalizar que su funcionamiento se ajuste estrictamente
a las normas constitucionales, legales y reglamentarias vigentes,
verificando la estricta observancia y respeto de las garantías
individuales consagradas en la Constitución Nacional" (Art. 32), con
facultades incluso de controlar los "gastos reservados" sobre los que
penden tantas sospechas (entre otras, por la vieja historia del pago de
sobresueldos, que todavía anda dando vueltas por los tribunales sin
rumbo claro).
Tratar de obtener información sobre este
Comisión es casi imposible. Incluso se nos llegó a informar que ¡el día
de reunión era secreto! y en la página del Senado o de Diputados no hay
información de ningún tipo. ¿Se reunirá., cumplirá alguna función
efectiva de control? Preguntas pendientes.
Nuestro sistema de
inteligencia se encuentra sin control institucional y se ha permitido
el crecimiento y desarrollo de operaciones informales expresamente
prohibidas y amparadas por funcionarios de alto nivel. Las nuevas
tecnologías y su escaso costo hacen que todo gobernador quiera tener su
propio sistema de inteligencia, por supuesto sin formalidades y en la
más completa oscuridad.
Para algunos será el juego perverso de
las pequeñas intrigas y "camas" de los operadores políticos que hoy son
habituales en la vida institucional, pero para el conjunto de los
ciudadanos significa haber desatado una de las peores prácticas de las
que tenemos memoria.
Urge dejar de jugar con el fuego que ya nos ha quemado
Fuente: CLARIN, 24 de noviembre del 2009 |