No somos las mismas

Como todos los años, este evento único en América del Sur, reunió miles de mujeres de todo el país y de otros países para pensar, trabajar, vivenciar y discutir los asuntos más urgentes y también los más necesarios que contemplan a las mujeres. Por primera vez estuvimos ahí, juntas.

Las mujeres de Talcahuano

En años de trabajo en conjunto en temáticas ásperas y complejas, acostumbradas a lidiar y trabajar con asuntos poco amenos, nunca habíamos puesto el cuerpo de la misma manera a algo que nos afectaba de manera directa y transversal, tanto en nuestras organizaciones como en nuestra vida cotidiana.  Por primera vez las mujeres que somos parte de las organizaciones CEPPAS, INECIP e ILSED  participamos del Encuentro. Sólo algunas nos conocíamos previamente, por compartir algunos espacios de trabajo. Tenemos diferentes edades, trabajamos en distintas temáticas, pero nuestras organizaciones tienen un origen común y búsquedas similares. Eso nos llevó a madurar la idea en los últimos meses de que podíamos articular una participación en el ENM tanto o más aunada como la que comparten nuestras organizaciones en su trabajo diario.

CEPPAS, ILSED e INECIP tienen diferentes objetivos y perspectivas de trabajo, un grupo aborda la reforma del código procesal penal hace más de veinte años e investiga la trata de personas. Otro se ocupa de problemáticas socio-ambientales, la  comunicación, prevención y persecución de la criminalidad económica y las problemáticas de sobre la tierra de los pueblos indígenas. El tercero se dedica a la seguridad democrática y los desafíos de reformar el sistema de inteligencia. Todas formamos parte de esos espacios que cuestionan el mundo que vivimos y sus formas para hacer uno mejor, todas somos mujeres incómodas con el orden social y político. Cuestionamos el sistema legal, económico, extractivista, colonial, comunicacional, represivo y patriarcal. Ir juntas al encuentro nos permitió conocernos, intercambiar y conectar saberes y prácticas, comunes y complementarias.

Producto de la espontaneidad y creatividad de una de nuestras compañeras realizamos la primera producción en conjunto: recolectamos testimonios de los talleres a los que habíamos asistido: cada una participó de un taller diferente debido a la variedad de temas que “Las Mujeres de Talcahuano” -como nos dimos en llamar, ya que nuestros centros se ubican sobre la calle Talcahuano-,  trabaja en sus organizaciones. En menos de dos horas nos convertimos en reporteras para colaborar con la necesidad de compañeras en apuros. Así participamos solidariamente entre todas con la radio abierta que estaba en funcionamiento y la llenamos de información fresca, de primera mano. Esa acción espontánea y a la vez coordinada nos asombró a nosotras mismas de lo que podíamos hacer colectivamente.

Pasan los días, volvimos de Rosario y seguimos sorprendidas de nuestra articulación. Antes de ese fin de semana en el ENM, habíamos estado trabajando en el mismo espacio físico por meses o en algunos casos por años, a metros de distancia o con un piso de por medio. Sin embargo no nos habíamos visto, no nos habíamos reconocido, como mujeres, como pares, como potencia. Ahora estamos juntas y sabemos que contamos tanto con la solidaridad y el afecto como con las capacidades y la vocación de cambio social del resto de las mujeres de Talcahuano. Eso hacemos las mujeres en el ENM, nos trasformamos, nos empoderamos y cambiamos el entorno. Participar del Encuentro es un acto performativo. Ya no somos las mismas. Ya no somos sólo compañeras de centros, somos mujeres entrelazadas.

Cómo funciona el Encuentro Nacional de Mujeres

El ENM tiene múltiples dimensiones y espacios de trabajo orientados a diferentes objetivos. Por un lado espacios de trabajo e intercambio por temática en comisiones, espacios informales y una gran marcha unificada de visibilización pública.

En los talleres temáticos la dinámica es la siguiente: se hace una presentación de las problemáticas en primera persona, cada mujer socializa al resto experiencias de lucha y los conflictos que enfrentamos cotidianamente en cada provincia por eje temático. El segundo día se trabaja específicamente en debatir esas problemáticas compartiendo estrategias, tácticas, aciertos y desafíos. En una tercera instancia, se articulan las conclusiones y pensamos juntas las posibles estrategias para trabajar durante el año al interior de nuestras organizaciones, espacios domésticos y de trabajo. Estas instancias son más políticas, formales y de producción.

Por otro lado, se prevén espacios de intercambio informales donde disfrutamos juntas de compartir momentos de tiempo libre y también de organización. Hay radio abierta, feria de intercambio de productos de la economía social llevada adelante por mujeres u organizaciones mixtas, recitales, muestras de arte y artesanías, danza, teatro, literatura, entre otras actividades. En estos espacios se visualizan dinámicas de organización de actividades reproductivas, ya que nos ponemos de acuerdo en conjunto para organizarnos las viandas, horarios de convocatoria a las escuelas donde vamos a dormir, nos repartirnos esas tareas más cotidianas de logística y protección de la integridad de las compañeras. Aquí conviven dinámicas tanto reproductivas como productivas porque también intercambiamos saberes, experiencias, producciones.

Por último, nos organizamos para definir cómo, cuándo y con quienes marchamos el último día por la tarde. La marcha es una experiencia que nos da fuerzas, allí se expresa la alegría, el dolor, es un espacio de catarsis pero también de contención porque estamos todas juntas, somos muchas y unificamos nuestras voces cantando, es una experiencia de autoafirmación tanto personal como colectiva.

Artículo publicado por el Centro de Políticas Públicas para el Socialismo (CEPPAS)

Fuente: https://ceppas.net/article/el-encuentro-nacional-de-mujeres-enm-tuvo-lugar-el/